30 sept 2007
Besarte es un tango...
29 sept 2007
Silente fragilidad
Mudanza
26 sept 2007
Sin texto
— Nadie—dijo una voz, dando tumbos en mi mente.
Escribí la primera y única palabra; pero no lograba continuar. La coloqué al centro y arriba de la hoja. La luz parpadeante, la penumbra del cuarto y la oscuridad de la tinta, hacían que cayera en un abismo de incomprensión. Me encontraba acodado en la mesa, con un lapicero en la mano y frotándome las sienes con los dedos pulgares. “No me gusta”, pensé. Hice la hoja a un lado, tomé otra y escribí. “¡Lo mismo!” dije sorprendido. Dejé mis ojos sobre el papel, sin mirarlo, y las letras bailaban al ritmo de la segundera del reloj de pared. La turbiedad de mis ojos aumentaba con el fragor del silencio. Recuerdo que soñé que estaba en un enorme monasterio y que había sólo una persona. Era gordo; de andar lento y silencioso. Recuerdo que hizo sonar las campanas, y no pararon hasta que me percaté que debía ir al colegio. Abandoné la silla. En el bolso guardé el cuaderno y el lapicero y me fui al baño.
— ¿Porqué tienes eso en la frente?—pregunté al espejo.
— Es tu vida—respondió una voz, dando tumbos en mi mente.
Romano Porras Murillo.
http://rpmurillo.blogspot.com/
Viento que sopla
Él la miró con los ojos extraviados, como queriendo decirle algo sin hablarle, como queriendo contarle todo lo que pasaba por su mente. No lograba, sin embargo, decir nada, tenía miedo de volver a equivocarse, Su corazón apretaba fuertemente su pecho, quería salirse, estallar. Ninguno de los dos podía explicar aquella situación.
El crepúsculo parecía ahora la peor de las agonías, lento, inevitable. El horizonte teñido de rojo estaba como siempre, lejano, inasible. Pensó que tal vez siempre fue así, solo que ahora quería tenerle en sus brazos y apretarlo fuerte, y no soltarlo. Abrazarlo hasta hacerlo parte de sí. Abrazarlo hasta convertirse en uno solo. ¿Qué es esta extraña sensación de impersonalidad? ¿Qué es este desesperado sentimiento de angustia que le asfixia, esta soledad sofocante? Su garganta enmudeció y una lágrima brotó de sus ojos, alejándose para siempre de su interior, despegándose como se arranca a un cuerpo su alma, como el viento arranca a un árbol sus hojas, dejándole desnudo bajo el sol, el mismo sol que antes lo hacía sentir vivo, lo quema ahora hasta la muerte.
¿Qué es este sentimiento maldito que no lo abandona? ¿Por qué estas ganas de abrazar, de sentir?
No es ella. No es el viento. Es éste malinche ajeno al suelo, extraño al sol, lejano del cielo. Es este olor a tierra, a zacate, que toca sus rostros y los abandona. Es este fantasma al que abraza y se esfuma.
Ya no lo soporta más. Este ancho vacío le estruja el alma, la aprieta. Estas ganas de aferrarse a algo, de asirlo fuerte muy fuerte. Este intento desesperado por abrazar una ola, por sujetar el viento, por llegar al sol.
El viento sopló dejándoles los labios llenos de arena, y una nube de polvo ahogó para siempre su alma.
Luis Briceño.