29 sept 2007
Silente fragilidad
Un abrazo, inútil por donde se mirara, era lo único que le podía ofrecer. Desesperado, inquieto, callado. Las palabras se aglutinaban en su garganta, mientras aquellos sollozos acribillaban su corazón y cada suspiro lo llevaba al borde de un abismo. El viento frío, desolador, dominaba aquella escena, de la cual formaba parte y a la vez le parecía ver representada sobre tablas viejas y corroídas por el tiempo. Era como si las lágrimas inundaran y humedecieran aquella atmósfera lacustre. No conseguía ordenar siquiera una oración, al tiempo que moría en el silencio. Trataba de buscar en aquellos ojos tristes la causa de ese dolor helado que le oprimía el pecho. Sin embargo no los encontró. Tenía la mirada perdida, como cuando se hunde uno en sus más recónditos pensamientos. Le era ahora inalcanzable, ajena, extraña. Sintió otra vez ese vacío insoportable en su alma. El verla sufrir, sus lágrimas, sus suspiros, aquel cielo gris, el aire cargado de humedad. Todo aquello lo volvía loco. Se aproximó a ella y la amarró con sus brazos y sintióla tan frágil que tuvo miedo de lastimarla. Y otra vez esa atroz desesperanza y ese fiero desconsuelo se le impregnaban en la piel, en cada poro, y le herían hasta los huesos. La apretó contra sí mismo como intentando romper el cristal pálido que los separaba. No pudo. Ella se apartó con una delicadeza estéril y fría, y tras la niebla densa del silencio, otra vez, murió.
Luis Briceño.
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Está demasiado bueno.
ResponderEliminarGracias. Viniendo de vos tiene bastante peso.
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