29 oct 2007
Esto es más
26 oct 2007
Carne de cañón
La mano acaricia la mejilla, suave a pesar de la rigidez propia de un cadáver, de la niña muerta, atrapada en el ataúd de fantasía. Su mueca de risa da una impresión simultánea de desahogo y perversidad infundada.
22 oct 2007
Se ha roto
Luis Briceño.
A veces
A veces me imagino que ya no existes en este pecho contrito. A veces hago de cuenta que la eternidad ha muerto, e intento, desesperado, ponerle cruz a este ocaso inoportuno. Pero es que justo en el instante atrevido del amanecer sangrado torna mi mente, angustiosa y fatigada, a tropezarse con la imagen tenue, y te recuerdo con el corazón adherido a tu blusa, y en tu pecho dibujado el olvido y la máquina del tiempo. A veces un sueño se me escapa volando, en las alas trémulas de un suspiro del viento, y casi ilusionado me dejo atrapar por una mirada extraña y dulce. Pero tu voz se amarra a mis venas, me revuelca entre los hierros retorcidos del fracaso y se precipita a mi boca el desvelo enamorado de la miel de tus labios. A veces la tarde se abre generosa y el cielo tiñe de añil sus níveas caricias, a veces muero quieto y pasivo. Pero mis sentidos se atraviesan tiritantes y encallan en las rocas de mi búsqueda frenética. Pero no te encuentro en las sombras vacías de mis sueños diurnos. No señora, ahí no estás, te escondes, te guardas, te hundes ausente y te encuentro en la noche abrazada a la luna, renegando del mundo, de mis sueños altivos, con tu risa intranquila y tus manos de plata.
Luis Briceño.
12 oct 2007
Epitafio
Ya acabó compañero. Esta fue la última. Aquí termina nuestra aventura y hasta aquí llega esta liturgia.
Sin ánimo de letanía digo estas palabras, pero es que es tan difícil ser indiferente al término de esta cruzada.
¡Nuestra causa ha muerto, amigo! Y con ella nuestro propósito. Perdimos en el rastro jirones del alma nuestra, flaqueó nuestro espíritu y el ahínco se nos fue entre las manos como arena.
Nuestro sueño se escondía a veces, y entre las oscuras nubes las estrellas desaparecían. Pero nuestra voluntad hermano, reacia al fracaso, sostuvo las bases de las columnas sobre las que intentamos construir el mundo, nuestro mundo. Un mundo hoy hecho cenizas por el fuego vil del fracaso. Nada queda ahora de nosotros. Y en nuestro pecho, para siempre, resonará el sonido de esa espada rompiendo el viento, casi imperceptible.
Este calor es casi el mismo que esa preciosa doncella infundía en mi sangre, o el fulgor de la batalla o la sensación de la victoria. Pero esta vez se siente seco, cruel, lleva consigo el rumor de un juicio pesado y una sentencia irrevocable.
Hasta aquí amigo Sancho, Hasta aquí nuestra travesía.
Los trillos hechos, los gigantes muertos, las princesas salvadas, todo amigo acaba hoy.
Te agradezco desde mi alma, el alma misma desde donde brota esta sangre que empapa tus ropas de escarlata, tu fiel compañía, mi estimado escudero. ¡Vive Dios! Que nuestra lucha no es fútil, y para siempre en los monasterios se contará la historia del caballero de
Luis Briceño.