29 oct 2007
Esto es más
Implacable. Violenta pero tierna. Con esa ternura que aplaca el ímpetu ultrajante de estas manos temblorosas. Así desfila por los pasillos inundados de niebla de esta cabeza vuelta al revés. Se aparece en las noches, cobra presencia en los sueños más profundos y sus brazos, sus brazos cansados de sostener este cuerpo que se rinde cada mañana a la derrota que le ofrece el día cansado, me atan tan suavemente, que apenas la siento. Pero su palpitar, su palpitar tan fuerte y firme me recuerda que está ahí, ahí conmigo cuando más hace falta. Cuando todo se acaba y sólo cenizas pueblan el piso frío y duro de la madrugada, desde abajo, me levantan sus risas, sus palabras, sus brazos. Me levantan y sostienen y me abrazo a su fuerza. Y alzado en tus ojos siento que acaba, y cobra sentido, trágico sentido, pero sentido al fin, todo este desorden de hecho y sueños y sueños desechos. Ésto es más, mucho más os digo, que cualquier otra, que cualquiera. Llena y abraza, y calienta sin quemar, y acude en ayuda de este muerto impaciente, cada vez que frío se desploma sobre las sombras oscuras de la noche vacía. Ésto es más, vuelvo y repito, que las heridas y los jirones, que las noches y los deseos. Ésto es más, y por eso la quiero.
Luis Briceño
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leer estas palabras tan profundas y sentimentales provocan una sensación de tranquilidad, recuerdan los viejos y nuevos amores, que siempre habrá uno embriagado de sonceridad en el momento que sea indispensable, aunque casi nunca, envueltos en la locura, reconozcamos cuando este frente a nuestro lívido rostro.
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